jueves, 12 de junio de 2014

JANE FONDA: EL TERCER ACTO DE LA VIDA, YOUTUBE

Jane Fonda analizó el tercer acto de la vida en una estupenda conferencia. Les dejamos el link para que disfruten y analicen el contenido:

JOSÉ SARAMAGO: POEMA SOBRE LA VEJEZ

Qué cuántos años tengo? -
 ¡Qué importa eso !
 ¡Tengo la edad que quiero y siento!
 La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
 Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido..
. Pues tengo la experiencia de los años vividos
 y la fuerza de la convicción de mis deseos.
 ¡Qué importa cuántos años tengo!
 ¡No quiero pensar en ello!
 Pues unos dicen que ya soy viejo,
 y otros "que estoy en el apogeo".
 Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
 sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
  Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,
 para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,
> rectificar caminos y atesorar éxitos.
  Ahora no tienen por qué decir: ¡Estás muy joven, no lo lograrás!...
 ¡Estás muy viejo, ya no podrás!... 
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, 
pero con el interés de seguir creciendo.
 Tengo los años en que los sueños,
 se empiezan a acariciar con los dedos,
 las ilusiones se convierten en esperanza. 
 Tengo los años en que el amor,
 a veces es una loca llamarada,
 ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
 y otras... es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..
 ¿Qué cuántos años tengo?
 No necesito marcarlos con un número,
 pues mis anhelos alcanzados,
 mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas...
 ¡Valen mucho más que eso!
 ¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!
 Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos
 ¿Qué cuántos años tengo?
 ¡Eso!... ¿A quién le importa?
 Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
 y hacer lo que quiero y siento!!.
 Qué importa cuántos años tengo.
 o cuántos espero, si con los años que tengo,
 ¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!

martes, 29 de abril de 2014

CATACLISMICO REGRESO DE TINELLI A CANAL 13, ABRIL 2014




CATACLÍSMICO REGRESO
Marcelo Tinelli, luego de más de 400 días de ausencia de la pantalla chica, regresó con un supershow, a su manera, en la noche del lunes 28. Ciertamente, lo esperábamos dado que esa noche no habría jurados ni participantes. Solo show. Era lo “bueno”. Pero aparecieron sus gastados chistes con Adrián Suar, si podía ingresar al estudio ahora de propiedad de un empresario kirchnerista con una baja proporción societaria de Tinelli, sus burlas a Susana Giménez (“este año no vamos a hablar de política” pero habló de “Fútbol para todos” y de Capitanich), su autoreferencia familiar (emotiva por tratarse de su hijo Lorenzo, nacido hace pocas semanas), y el mismo “público”(amigos, doctores en medicina, en abogacía, contadores).
Todo esto fue después de un despliegue cataclísmico, donde apareció en primer término una filmación de un náufrago, las costas del sur, luego un grupo bailando en el Calafate, otros en Talampaya (chicas semidesnudas y curvilíneas, hermosas), algo de Jujuy… Un caleidoscopio humano que no se entendía para qué, sí, fue lindo, pero qué sentido tenía. Fue un miniturismo en segundos como para dar la idea de que los supuestamente 20 mil pesos que cuesta el “segundo Tinelli” en televisión sirven para algo. Y todo se fundió en los efectos lumínicos de una de las tres o cuatro pantallas que se importaron para caer así en el estudio.
Tampoco hubo mayor coherencia pero sí una sucesión de artistas notables sin guión alguno, desde Hernán Piquín y uno d e los cuadros de su próximo espectáculo, a “Fuerza Bruta” y sus notables efectos especiales, a cuatro grandes voces argentinas cantando en castellano (Sandra Mihanovich, Valeria Lynch, Lucía Galán y Marcela Morelo) en medio de una nube de humo blanco que suele ser tóxico, de pronto (hay que reconocerle la sincronización) a Karina la princesita cantando a capella una maravillosa versión de Hey Jude en inglés con el acompañamiento rítmico de un violoncello electrónico. Se notaba que las cámaras no tenían “tiro”, es decir, por más que intentaran “planos secuencias” en ese momento no se podía, no daba, uno veía un pastiche de gente haciendo cosas lindas pero sin entender para qué estaban todos. Como quien no quiere la cosa, apareció parte del Coro Estable del Teatro Colón cantando un fragmento del Cármina Burna de Carl  Orff, una de las piezas más exigentes que existen, surgidas de este compositor alemán considerado un terrible nazi, que apoyó el antisemitismo y estuvo codo a codo con Hitler.Pero, bueno, esto no lo saben. Todos amuchados, juntitos, uno a continuación del otro. La cámara zenital apareció cuando cientos de personas, vestidas de smoking, empezaron a saltar al ritmo de una canción en inglés, nuevamente, y bailaron el “pogo”, el saltito que aterroriza a los vecinos de Núñez cuando aparece algún recital en el estadio River Plate. Alrededor de las 23.16, cuando ya había aparecido a las 23.03 Tinelli en pantalla, hubo el primer plano secuencia que nos dio idea de la dimensión del estudio de Ideas del Sur, el mismo de siempre, lejos de ser el mayor estudio de Latinoamérica. Y se repitió a las 23.35, en un alarde de cinematografía de escuela de cine que no estuvo mal. A favor, el director del programa sincronizó las cámaras de manera tal que el pase caótico, cataclísmico, de un número a otro, fue correcto.
Llegó luego el pase de factura entre Adrián Suar y Marcelo Tinelli, previsto, autoguionado, más de lo mismo. Siempre se “odian” pero negocios son negocios, entendemos y, al “Chueco”, Tinelli le salva el rating que no logra con sus productos Pol-ka . Y finalmente el remedo de “Qué pasó ayer?”, una gran comedia americana. Visualmente, estuvo lograda, el caso es que no hubo remates en los sketches. Paupérrimo el de Jorge Lanata y Marcelo Longobardi que parecía no saber qué responder, insólito el de Dady Brieva con un final a sonrisa escandalosa para mostrar su nueva dentadura, y un desaprovechado Carlos Belloso, gran actor, como el policía malo que los detiene en la ruta. Hermosa, sí, la recepcionista del costoso hotel de puerto Madero, Guillermina Valdéz, antes de dar a luz.
Adláteres de Tinelli haciendo las veces de claque, gritos, bravos. Lo mejor fue el show de Martín Bossi en el cierre que forma parte de su “Bossi Big Bang Show”, éxito rotundo en la calle Corrientes. Notable artista que ciertamente le debe su popularidad a la aparición en los programas de Ideas del Sur. Marcelo Tinelli arrasó con el rating, 30 puntos de promedio pero no le alcanzó a Canal 13 para derribar el rating diario, aunque fue por décimas, de Telefé.
Nos pareció un supershow sin ton ni son, con valiosísimos artistas desaprovechados, sin relación alguna entre sí y con lo que veremos a partir de este martes, jurado y participantes, peleas berretas y todo lo que ya conocemos.

Elsa Bragato

domingo, 30 de marzo de 2014

"AL FINAL DEL ARCOIRIS", TEATRO APOLO, CRÍTICA



AL FINAL DEL ARCOIRIS
Del inglés Peter Quilter. Con Karina K, Antonio Grimau, Federico Amador, Víctor Malagrino, y dirección musical de Alberto Favero. Rubros técnicos: trío de jazz de Alberto Favero. Escenografía de Héctor Calmet. Iluminación de David Seldes, Vestuadio de Pablo Bataglia. Dirección general Ricky Pashkus.
BIOPIC DE JUDY GARLAND DIGNA DE BROADWAY
Con inusual delicadeza y profundidad, “Al final del arcoíris” nos muestra los últimos años de Judy Garland que transcurrieron entre excesos de todo tipo, la relación con su último marido, Mickey Deans, y la compañía de Anthony, personaje que resume en sí a los músicos que estuvieron junto a la estrella hasta el final.
Once números musicales de melodías famosas pero que, curiosamente, no vamos a recordar al final de la obra, quiebran el clima de exceso y drama personal de Judy Garland. Para eso, la obra del inglés Peter Quilter se vale de una escenografía funcional: en segundos, el cuarto del hotel se transforma en un escenario con luces de “neón” destellando el nombre “Judy”. Y allí está ella, encarnada por una potente Karina K, una de las grandes voces nacionales.
Antonio Grimau como “Anthony” es el pianista sensible representando a la comunidad gay que adoraba a Garland (en el film “El mago de Oz”, dicha comunidad encontró simbología gay convirtiendo a Judy Garland en su ícono en años de gran incomprensión e intolerancia); Grimau dota de gran calidez y seducción a su personaje, atento a los desmanes de Judy, a la conducta sinuosa de Deans, preocupado por su adicción, y hasta enamorándose de esa mujer puro nervio y talento (hay un sketch de un beso que conmueve). Es un “Anthony” querible, simpático, con momentos de diálogos profundos y de puro disfrute.
Federico Amador nos sorprendió por su calidad y seguridad actoral dándole temperamento a Mickey Deans. ¿Bueno, malo, aprovechado, tolerante? El espectador deberá resolverlo. Amador, popular por sus personajes en televisión, tiene presencia escénica fuerte. Pisa como se debe.
Karina K es el centro de la obra, en ella descansa el peso del protagonismo y, en definitiva, la relación del resto de los personajes. Vastamente conocida y siempre aplaudida de pie, su “Judy” tiene la potencia de su voz, con esos finales alargados y fuertes en cada canción, aunque una pizca de profundidad en ciertas situaciones de humor mejorarían su gran performance.
Y, detrás pero de pronto en primer plano, aparece el maestro Alberto Favero junto a su trío (Alberto Puertas en contrabajo y Quintini Cinalli en batería), gran maestro de música. Su riqueza como intérprete es un plus invalorable para esta obra, que no es un musical pero tampoco deja de serlo.
Víctor Malagrino compone al locutor, el presentador, el periodista, logrando en cada situación el “physic du rol” perfecto, atinado. Se multiplica con habilidad y talento y es el personaje pivot de varios momentos. Los rubros técnicos son inmejorables: la escenografía tiene delicadeza y calidad, la iluminación es perfecta, el sonido también, como el vestuario, acomodado a los exigentes cambios que impone la obra. Nos quedan unas líneas para Ricky Pashkus en la dirección, que maneja los hilos de estos cuatro personajes así como la inclusión de los shows de Garland con maestría.
“Al final del arcoíris” es una de esas obras que engalanan la cartelera porteña, donde las actuaciones y la música nos van calando hondo de a poco pero implacablemente, donde se nos va seduciendo como quien no quiere, terminándose de pie y aplaudiendo a rabiar a un elenco digno de Broadway.
Elsa Bragato

lunes, 24 de marzo de 2014

"33 VARIACIONES", CRÍTICA, 2014



“33 VARIACIONES”, DE MOISÉS KAUFMAN
Teatro Metropolitan Citi, Buenos Aires.
DIRECCIÓN DE HELENA TRITEK. CON MARILÚ MARINI, LITO CRUZ, MALENA SOLDA, RODOLFO DE SOUZA, FRANCISCO DONOVAN, GABY FERRERO, ALEJO ORTIZ, NATALIO GONZÁLEZ PETRICH. PRENSA: SMW. TÉCNICA: Jorge Ferrari, Eli Sirlin, Mini Zuccheri, Susana Rossi, Pablo Abal, Jorge Pérez, Martín Henderson, Albertina Klitenik, Ana Passarelli, Verónica Alcoba, Florencia Antacle, Germán Rúa, Johanna Wolf, Sisso Chouela, Romina Juejati, Gabriela Koga, Diego Pando, Damián Zaga, Ariel Stolier. Productor General: Pablo Kompel.

Desde el tema propuesto hasta el más mínimo detalle, la puesta de “33 Variaciones” de Helena Tritek conmueve por su excelencia. La pieza es del venezolano Moisés Kaufman, radicado en New York y versa sobre la fascinación que tuvo el gran Beethoven con un mediocre vals de Anton Diabelli, editor del siglo XIX quien envió su vals a 50 compositores en 1819 y Beethoven, que en principio había sido el único en rechazarlo, posteriormente se tomó varios años componiendo variaciones sobre cuatro notas iniciales del trabajo de Diabelli. Kaufman recrea un paralelismo ficticio entre una musicóloga (Marilú Marini) que viaja a Bonn para analizar los originales del compositor, y el momento en que Beethoven inicia la composición de las variaciones, al mismo tiempo que compone su Misa y la Novena Sinfonía.
Dos épocas, dos tiempos diferentes, unidos por dos personajes. Una lo sueña. El otro contribuye a sus sueños desde el pasado con su música. Marilú Marini es “Catalina”, la empecinada musicóloga que padece de una esclerosis que va avanzando. Beeethoven está a cargo de otro gran actor, Lito Cruz. Poco son los actores que pueden encarnar al genial alemán por condiciones físicas y temperamento. Sin duda, además de Gary Oldman, está Lito Cruz. Malena Solda es la hija de la musicóloga, mientras que, en el plató, se despliegan con certera utilización del espacio, el pianista (el joven entrerriano Natalio González Petrick), el secretario de Beethoven (Alejo Ortiz), el enamorado de Clara-Solda a cargo de un medido y cálido Francisco Donovan, la curadora de las obras de Beeethoven que encarna Gaby Ferrero dándole el matiz germano requerido y el editor Diabelli, otra muy buena composición del reconocido Rodolfo De Souza.
La obra de Kaufman nos habla de la comprensión de la creación en sí, la turbulencia de la vida que genera trabas como una esclerosis y una sordera, el tesón por continuar el camino elegido, la comprensión de una hija a su madre, de un editor a su compositor y, en el medio, las personas que ayudan a unos y otros con piadosa generosidad. Y también nos descubre qué pudo pasar en el alma de Beethoven para lograr 33 variaciones sobre un pequeño tema musical (¿superar a las 32 de Golberg de Bach, tal como se indica? ¿Superarse a sí mismo en su genialidad, de la que era conciente?).
La puesta de Helena Tritek es portentosa, precisa y preciosa. La escenografía de Jorge Ferrari y el vestuario de Mini Zuccheri, desde lo visual deslumbran por una concepción minimalista que atrapa. La utilización de los laterales y del mobiliario marcan además búsqueda de una perfección escenográfica alcanzada. Y si bien la excelencia nos asombra a cada momento, caben señalar algunos momentos de actuación fascinantes: los actores cantan, los actores danzan, con afinación y gracia. Van cautivando al público con cada gesto. Marilú Marini tiene tamaña ductilidad física en el rol de esta madre musicóloga afectada por esclerosis que golpea el corazón por la naturalidad. Lito Cruz es el hallazgo para este Beethoven desmelenado, gruñón insufrible, que tiene la música en su cabeza y la sueña porque no puede escucharla más que allí, en su mente. Hay un momento en que Lito Cruz, con la ejecución de una de las variaciones a cargo de Natalio González Petrich (su ubicación en la escenografía es fantástica), se planta en mitad del escenario y va recorriendo las tonalidades de la obra, marcando los pianissimos y los fortissimos, intenta tocarla con sus dedos en el aire. En otra instancia, se produce el encuentro entre Catalina y Beethoven, hallazgos de Kaufman y de Tritek, de quien todo ha sido dicho ya.
Que Beethoven esté (reposición) en la cartelera porteña, que un elenco altamente probado haga suyo un escenario, que una de las mejores directoras sea la mano invisible que une almas, música y escenografía, nos indican que el teatro nacional es para seguir aplaudiéndolo de pie. La excelencia se adueñó de esta obra y este elenco en el corazón de Buenos Aires.
Elsa Bragato

lunes, 24 de febrero de 2014

"ADICTAS A VOS", CRÍTICA, ENERO 2014



ADICTAS A VOS

De Marcos Carnevale, junto a Andrés Gelos, Lily Ann Martin y Pablo Junovich. Con Betiana Blum, María Valenzuela, Cecilia Dopazo, Esmeralda Mitre y Erika de Sautu Riestra. Dirección de Marcos Carnevale. En Multiteatro.

BUENA. FLOJÍSIMO TEXTO CON ELENCO CONVOCANTE

Según se sabe, Marcos Carnevale pergeñó esta historia de cinco mujeres varadas en un aeropuerto, hace unos 8 años. La elección de un elenco altamente convocante es el mejor gancho de esta comedia pasatista, con moraleja y moralina incluidas, tibio argumento y flacos parlamentos (la frase “mi familia es una bosta” identifica a uno de los personajes). Son Blum Valenzuela, Dopazo y las más nuevas Mitre y Sautu Riestra quienes pelean con los diálogos, le ponen el cuerpo (aún con alguna exageración de parte de la siempre excelente Betiana Blum) a frases hechas y estereotipos televisivos, sacando adelante una comedia que, de no ser por ellas, sería un rotundo fracaso.

La escenografía es plana. Un texto vodevilesco sin puertas y con dos salidas laterales se ahoga en el escenario. Las actrices están sentadas en un preembarque, frente al público, con excepción de María Valenzuela que lo hace en asientos laterales y Sautu Riestra en un asiento ubicado atrás. Da sensación de escenografía con tinte egipcio, según el certero comentario de un colega.

La falta de dicción de las actrices, a excepción de María Valenzuela y Betiana Blum, en ese orden, hace que, en las filas traseras de la sala sean inaudibles. Cecilia Dopazo recita de memoria y casi sin expresión sus líneas. Una voz pequeña, finita, que debe ser mejorada. A Esmeralda Mitre y Erika de Sautu Riestra les hace falta expresividad menos convencional. Y destacamos, por si fuese necesario, las actuaciones de las mencionadas: Betiana Blum en un grotesco excelente y María Valenzuela es la dama exquisita, siempre estupenda.

Las mujeres tienen adicciones a algo. Betiana Blum a Julio Iglesias y viene de un estrato social semitumbero, frente a una por demás exquisita María Valenzuela, madre adicta a su hijo varón; Cecilia Dopazo encarna a un ama de casa de clase media alta adicta a su marido, Esmeralda Mitre se pone en el papel de una hija castrada por su padre por quien siente una fuerte adicción, mientras que Erika de Sautu Riestra es la amante adicta a un amor sin futuro de un hombre cuyo apelativo provocará un chispazo y dramatismo.
El planteo de Carnevale y los coautores es que estas mujeres se encuentren obligadamente en un lugar y allí deban conocerse y así entrelazar historias o bien adicciones afectivas. Como decíamos al comienzo, el elenco es altamente atrapante convirtiéndose en el gancho de esta comedia.. Escasa elaboración de personajes, trazados lineales de problemas psicológicos profundos, y una banalización de la compleja psiquis femenina, caracterizan a este texto que es taquillero por quienes están protagonizándolo. Sin duda alguna, trabajar en televisión tiene su lado bueno pero contagia tics insalvables para el cine y el teatro: la escenografía está dispuesta para las cámaras y los diálogos son remanidos e insulsos propios de las telenovelas. Nada de lo que decimos puede afectar la taquilla gracias al elenco que Carnevale supo elegir.

Elsa Bragato

jueves, 13 de febrero de 2014

"BOSSI BIG BANG SHOW", CRÍTICA 2014




BOSSI BIG BANG  SHOW
Dirección de Emilio Tamer. Dirección musical de Manuel Wirtz. Producción general de Diego Djeredjian. Productor Asociado: Jonatan Kassir. Elenco: Martín Bossi, Jorge Carna Crivelli. Orquesta: Cristian Torres, Mauro Bianchinelli, Ivan Barrios, Nahuel Aschei, Alejandro Becerra, Pablo Tomás Raffo, Catriel Galván, Nicolás Fridman, Julio Morales, Pablo Giménez, Julián Santagada, Juan Cordima, Francisco Cordima, Nelson Gesualdi. Coro: Gabriela Laguzzi, Paula Tapia, Lila Frascara, Sonia Savinell, Mariana Bugallo.Técnica: Sol Fariña, Daniel Feijóo, Alejandro lavallén, Romina Mengarelli, Elena Sapino, Vanesa Giordano, Juan Bar, Matías Fernández, Pablo Vaiana, Nelson Gesualdi, Gabriela Laguzzi, Christian Petrone, Andrea Czarnick, Gabriel Martínez López, Mike Sosa, Ary Hovassapian, Victoria Acilu, Antonella Campaniello, Mariana Laspiur, Mariana del Valle Zaballa, Melanie Hovassapian, Umay Elías, Camila Torres, Javier Laureiro, Nena Lopez, Julieta Tomaselli, Raquel Ibarra, Enrique Betancourt, Rodrigo Para Prana, Diego Roselli, Randich y Lavecchia, Gustavo Ledesma, Roberto Reyna, Sergio y Julio Pascoli, Claroscuro, Javier Grillo, Andrés Peña, UOP, Pablo Suárez y Gerardo Marquez, Luis Medina Carlos Fernández, Víctor Cabello Rivera, Juan Carlos Hougan, Walter Horacio Costa, Luis Penna. Prensa: Alejandro Veroutis. Boleteros: Gómez, Mistral, Quintero y Viñals.
Original, creativo, diferente. Martín Bossi es realmente un artista, alguien que sabe lo que significa pisar un escenario. En este nuevo show, Bossi Big Bang Show, el despliegue artístico, la utilización del espacio, la combinación de luces y orquesta en vivo, el coro femenino, la actuación de Manuel Wirtz y de Jorge “Carna” Crivelli, nos remiten a los grandes shows de Las Vegas.
Innovador, Martín Bossi nos plantea algo más que el humor de buen gusto: la reflexión sobre la música, el cine, el amor, con una crítica social que no cae en la ofensa sino en la reconsideración de pautas culturales. Desde una clave diferente: la sonrisa, la risa, el beso entre los espectadores o el “lento” que no debiera dejarse de lado aunque sea entre las butacas. Interacción con el público como en un enorme café-concert.
El show se abre a la manera de un gran recital, con una orquesta de jazz estupenda, jóvenes músicos que retoman la senda del gran Bubby Lavecchia y sus "jazzistas" (inolvidable Hugo Pierre). Martín Bossi desgrana una galería de cantantes que apabulla. Su Rod Steward o su Elthon Jones, por ejemplo, son insuperables. Asombra la calidad del coro femenino, magníficas voces que, por suerte, se pueden escuchar en un escenario porteño. Del mismo modo, las cuerdas de la orquesta impresionan por la fuerza y por la capacidad de actuación y levantando los arcos (impensado en el mundo clásico hasta ahora!), como ocurre con los músicos de la “jazz”, aunque esto es desde siempre.
Los  homenajes a Tato Bores, a Pepe Biondi con la participación filmada de Graciela Borges y su nietita, y a Alberto Olmedo conmocionan. Tato es perfecto, Pepe Biondi tiene su par en Bossi, impecable! El plato fuerte son Alberto Olmedo y Javier Portales (“Carna”, estupendo). Emotivo, un golpe al corazón, con esa salida a la avenida Corrientes por una sola noche más que nos deja mudos con los ojos llenos de lágrimas.
Nadie descubre nada al decir que Martín Bossi es un artista con mayúscula. Es un don, nació “así”, y nos regala su arte con humildad y generosidad. Fuera de lo común. Para aplaudir de pie a rabiar.
Elsa Bragato