sábado, 13 de diciembre de 2014

BALANCE DE CINE 2014, POR CARLOS PIERRE



BALANCE DE CINE 2014
Este año, del 1ro de enero hasta el 30 de noviembre inclusive, tuvimos alrededor de 140 películas nacionales y unos 200 títulos internacionales. El Mundial de Fútbol dividió al año en dos y restó posibilidades de estrenos.
Haremos tan solo un repaso de títulos significativos y, en algunos casos, taquilleros, apuntando a rescatar géneros y autores que los argentinos siguen en la pantalla grande desde siempre.
Como sucede siempre, en los primeros meses del año se completaron los 9 títulos que compitieron por el galardón máximo de los Oscars: “Philomena”, “El club de los desahuciados”, “El lobo de Wall Street”, “Nebraska”, “Escándalo americano”, “12 años de esclavitud” y “Her”.
Hubo “tanques” que unieron ciencia ficción con mitologías y novelas best-sellers, pero no como en años anteriores: “300- 2da parte” fue uno de los primeros que no conformaron, otra vez la saga “El sorprendente hombre araña 2”, “Godzilla- 2”, la continuación sin gracia de “X-Men días del futuro pasado”, “El planeta de los simios 4”, “Hércules”, “Transformers 4”, “Correr o morir”, “En el tornado”, “El dador de recuerdos”, “Drácula la historia jamás contada”, “Interestelar” y “Sinsajo Parte 1- Los juegos del hambre”, entre otros títulos de menor relevancia.
Dentro del material internacional que conocimos, vamos a destacar “La vida de Adele”, “Ladrona de libros”, “Agosto”, “La grande Bellezza”, “La mejor oferta”, “El gran hotel Budapest”, la paraguaya “7 Cajas”, la notable “Berberian Sound Studio”, “El juez”, “El justiciero”, “Amor a la carta”, “El hombre más buscado” (última actuación de Phillip Seymour Hoffman), y una de las mejores películas del año, a nuestro entender, “Momentos de vida- Boyhood”, de Richard Linklater (tardó doce años en filmarla), así como “Fuerza Mayor”, de origen nórdico. También sumamos “Lore” e “Ida” sobre las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, la israelí “La esposa prometida”, así como “Balada de un hombre común”, “Aprendiendo a volar”, y la mexicana “Los insólitos peces gato”. También añadimos “Cantinflas” como biopic internacional que no tuvo repercusión y sin embargo en su género fue la más importante; sumamos “Pelo Malo” por su éxito internacional y “Lucy” de Luc Besson en el policial negro.
Las películas de terror-gore fueron las menos a nivel internacional: “Annabelle”, de bajo presupuesto y como precuela de la excelente “El conjuro”, fue la más taquillera y al mismo tiempo la más criticada. Debemos consignar también “Rec 4: el apocalipsis”, final de la saga española que tuvo buena respuesta del público. Y le añadimos “Juan de los muertos”, film cubano de este jueves 11 de diciembre, que mezcla zombies con la sátira política. No en vano logró el Goya 2014 a la mejor película extranjera.
La animación tuvo varios referentes pero, sin duda, las más taquilleras y realmente muy bien realizadas fueron “Frozen”, “Los Boxtrolls”,  “El libro de la vida”, “Río-2”, “Muppetts- 2” y “Cómo entrenar a tu dragón 2”, además de la muy reciente “Grandes héroes”.
Como curiosidades del cine nacional, destacamos la última producción del realizador nacional Daniel de la Vega, único que abreva en el género del terror-horror con vasta experiencia en films internacionales aunque de factura argentina por su “Necrofobia 3D”, con importante elenco. Y el primer film del ganador argentino del Oscar Eugenio Zanetti, “Amapola”.
Los documentales siguen siendo la “vedette” de la cinematografía argentina, prácticamente más del 50 por ciento de los estrenos argentinos corresponden a este género. Destacamos “De trapito a bachiller”, “Mika”, “Escuela de sordos”, “El rey Milo”, “La forma exacta de las islas”, “El color que cayó del cielo”, “Ensayo de una nación”, el docuficción “El León de Francia” y “Malka”, como los homenajes a “El doctor Maradona”, “Ulises” sobre Ulises Dumont, sin olvidarnos en este rubro de la italiana “Qué extraño llamarse Federico”, de Ettore Scola, sobre Federico Fellini
El cine argentino tuvo un gran año gracias al suceso nacional e internacional de “Relatos salvajes” que alcanzó los 6 millones de espectadores, siguiéndole en aceptación “Muerte en Buenos Aires”, “Aire libre”, “Betibú”, “Gato negro”, “El ardor”, “El cerrajero”, “Refugiado”, “El misterio de la felicidad”, “El inventor de juegos”, “Las insoladas” y “Violetta en concierto”.
Entre las novedades nacionales estuvieron las reposiciones de “Los bañeros más locos del mundo” en los primeros meses del año, para luego seguir con “Tango feroz” y “La Mary” a 40 años de su estreno. La primera de las mencionadas dio lugar a la filmación de una secuela “Los bañeros 4” que tuvo su público aunque no fue un éxito arrollador. Y, entre los films extranjeros, rescatamos “La naranja mecánica” y “Recuerdos del Futuro”.
Hubo poco lugar para las comedias tanto extranjeras como nacionales. Entre las primeras destacamos la presencia de Michael Douglas junto a Diane Keaton en “Juntos…pero no tanto”, y el regreso anual del gran Woody Allen con su actuación en “Casi un gigoló” bajo la dirección de John Turturro, y su film “Magia a la luz de la luna”. Así también vimos a un “virtual” Johnny Depp en “Trascendence: identidad virtual” para agregar el nombre de una “celebrity” a un listado donde no hubo tantas a diferencia de otros años. En el drama tuvimos a Denzel Washington en “El justiciero” y a un notable Robert Duvall en “El juez” como a un magistral Brendan Gleeson en “Calvario” (film británico), segura candidata al Oscar.
Con sus más y sus menos, hay películas rescatables internacionales y nacionales, otras que decididamente hemos dejado de lado por no satisfacer el “hecho cinematográfico” en sí, y algunas otras que tuvimos en cuenta aunque con reservas. Los films de Woody Allen, el de Luc Besson (“Lucy”), las nacionales indicadas, y las extranjeras “Boyhood-Momentos de vida”, “Fuerza mayor” y “La mejor oferta”, deben estar en la cinemateca personal. Destacamos la apertura de algunos espacios INCAA en el interior del país aunque la difusión del cine nacional es muy deficiente en nuestras provincias. Hay festivales, muestras, pero no consiguen atrapar al público en forma mayoritaria (es decir, de todas las edades) porque se apunta más a un cine con cierta intelectualidad o bien a países con buena industria cinematográfica pero sin difusión masiva en nuestro país. La apertura de espacios “off”, o sea fuera del circuito comercial genuino de la ciudad de Buenos Aires, son una buena manera de difundir documentales y películas de bajo presupuesto pero bien realizadas pero se quedan dentro de un determinado círculo de espectadores, perdiendo masividad.

Carlos Pierre

sábado, 6 de diciembre de 2014

BALANCE TEATRAL 2014, SOBREVUELO SOBRE AUTORES Y GÉNEROS TEATRALES



BALANCE DE TEATRO 2014.-

DESDE EL 1RO DE ENERO HASTA EL 15 DE NOVIEMBRE

SOBREVUELO SOBRE EL AÑO TEATRAL

Este año que termina tiene características diferentes a los anteriores. Sobre un total de 187 salas, entre oficiales y “off Corrientes”, se puso énfasis en las creaciones colectivas, pluridisciplinarias, en el stand-up (prácticamente la “vedette” del año en la materia) y las versiones con clowns o bien definidas como “clownescas”, otras con títeres, incluyendo los títeres de mesa para interactuar con los elencos.

Un género incursionó como novedad en un par de puestas: el thriller de carácter policial, que siempre lleva al análisis psicológico d e los personajes, con tendencia al humor negro en algún caso. Por lo que la variedad de autores nacionales ha sido superlativa y difícil de encuadrar en pocas líneas. Es destacable el esfuerzo creativo personal y colectivo que se ha realizado con puestas que tuvieron muy buena respuesta del público y permitieron a varios elencos iniciar giras por el interior del país.

Destacamos la presencia del teatro de Carlos Gorostiza en ”Hay que apagar el fuego”, versión clown, novedad del año, o bien la versión sobre “Los hermanos queridos”, y “Aeroplanos”. Roberto Arlt fue de los más transitados también a través de “Noche terrible”·,”Saverio el cruel” y “Los siete locos”. Dalmiro Sáenz regresó con la puesta de su obra “Las Boludas” mientras que Norman Briski tuvo varios estrenos en su teatro Calibán como “Las 50 Nereidas” y “Partida real”. Se produjo el debut teatral del director y escritor Roberto Maiocco con “Cambio y fuera” y el estreno mundial de “Muchas felicidades” de Paco Urondo, así como el estreno nacional de “El casamiento”, de Nicolai Gogol, con puesta y dirección de Ernesto Raso Caprari. También apuntamos la obra “Palabras con sentido” de Ricky Pashkus.

Entre los poetas y narradores argentinos llevados al teatro se destacan María Elena Walsh con “Legado”, y “El salvaje” con Pablo FInamore sobre “Cuentos de la selva” de Horacio Quiroga. Alejandro Dolina reapareció, a su vez, con una puesta de “Maderna el hombre que se transforma demasiado”, así como  Mario Diament con “Guayaquil y cita a ciegas”, y Pacho O’ Donnell con “Frío y caliente”. Homenaje a Alejandro Urdapilleta fue el montaje de “Las fabricantes de tortas”,  mientras que Ricardo Halac tuvo en escena “Soledad para cuatro” y Felipe Pigna logró que textos suyos conformaran la obra “Mujeres tenían que ser”.

Javier Daulte estuvo con “Faros de color”, su ópera primera, y en la dirección del unipersonal de Darío Grandinetti “Novecento”. Y el estreno de “Mujeres de cenizas” con coautoría de Sergio Marcos.

Marcamos diferencias en el material llevado a escena y esto se dio, entre otros indicadores que mencionamos al comienzo, en la presencia de  obras de Shakespeare y de García Lorca en mucho menor medida que otros años. Por ejemplo, el “bardo inglés” tuvo “El amor está en los bosques”, basada en “Sueño de una noche de verano”, “Como les guste”, “Romeo y Julieta” dirigida por Virginia Lago, y la obra en sí “Sueño de una noche de verano”. Federico García Lorca fue “versionado” en “La casa de Bernarda Alba”, “Mariana Pineda, Al aire de la libertad”, “Aquel mar es mi mar” y “Bodas de sangre”.

Varios infaltables  son Anton Chejov, esta vez con “El jardín de los cerezos”, obra cumbre de la dramaturgia del siglo XX,  y Luigi Pirandello con una versión de “El engaño” titulada “Dos miradas” y “Dos casas”: Harold Pinter con “El cuidador”; “Las sillas” de Eugene Ionesco.

Retomamos los autores nacionales: “Giacomo “ de Armando Discepolo volvió a escena así como “Los árboles mueren de pie” de Alejandro Casona. Y “La omisión de la familia Coleman” es el consagrado título de Claudio Tolcachir, infaltable en la escena nacional.

Entre muchas otras puestas hay algunas que pusieron un toque diferente en la elección del material como “El vestido azul” del canadiense Steve Russo, “La señora Klein” del dramaturgo sudafricano Nicholas Wright, “Apenas el fin del mundo”, del francés Jean Luc Lagarce, “”Woyzeck” del alemán George Buchner, “El ojo público” sobre obra del británico Peter Shaffer, “Flores de papel” del chileno Egon Wolff, “El bello indiferente” del francés Jean Cocteau. Y hasta una versión para títeres de “La flauta mágica” de W. A, Mozart.

Hubo reconocimientos importantes como el otorgado a la tercera temporada de “El señor Galíndez”, de Tato Pavlovsky, otro d e los autores que llegaron a escena este año con más de una obra, en versión de Daniel Loisi. Mientras que los monologuistas que tuvieron todo el favor del público fueron “Pinti recargado” con Enrique Pinti, Baby Etchecopar, Coco Silly, Juan Acosta, Marcelo Mazzarello y Pablo Angeli, mencionando solo a los más renombrados.

Apuntábamos una clara tendencia a la actividad colectiva, la utilización de títeres y el género policial. Y hay que añadir una obra de carácter seudopolítico como “La mujer del anatomista”, coproducción argentino-española, y “Ayer murió Perón” donde no se habla del líder político pero ronda su muerte en varios personajes desencarnados de los 70 y 80.

Este pantallazo o sobrevuelo sobre las casi 200 salas capitalinas, sin mencionar las temporadas de las salas oficiales (en su temporada anual, el T.N.Cervantes tiene dos ciclos que destacamos: el Teatro Federal y Teatro del País) y las comerciales, sería muy incompleto sin tener en cuenta los festivales como el Shakespeare, que se realiza en febrero, el  IX Festival Becket en noviembre-diciembre, la tercera edición de “Teatro Bombón”, Teatrisimo a beneficio de la Casa del Teatro, Teatro por la Identidad,  el 7mo Festival Internacional de Teatro Pirologías, y el 1 Festival de Teatro sobre Violencia de Género, así como los festivales de teatro en diferentes provincias, entre otros (festival de teatro en Buenos Aires, festival internacional de Teatro en Buenos Aires, etcétera).

Debemos destacar la presencia de directores como Arturo Puig, Roberto Antier, José María Muscari, y el redescubrimiento del actor “éxito” del momento, Diego Gentile; así como la permanencia de obras como “Toc toc”, los musicales como “Priscilla”, la programación del teatro Nacional Cervantes a precios muy accesibles y su “teatro federal” recorriendo todo el país, y de los teatros oficiales en general, como también el teatro The Globe al aire libre donde el “Puma Goity hizo un muy especial “Ricardo III”de Shakespeare. Autores que nunca faltan son justamente Shakespeare, Bretch, Chejov, Lorca, además de los nacionales Cossa, Gorostiza, Discepolo, entre otros. Como curiosidad cultural tuvimos el primer Festival de Teatro para Bebés y festivales de teatro en La Pampa, Mendoza, Santa Fe, Entre Ríos, Misiones, entre otras provincias, además del festival internacional de teatro en Buenos Aires.

Los premios ACE, los Podestá, los reconocimientos de la SAGAI, los Florencio Sánchez, los Susini, los María Guerrero, el flamante premio “Onofre Lovero” al teatro independiente, los premios a los autores nacionales y extranjeros, concursos de obras de Argentores, son solo algunas de las premiaciones y posibilidades autorales que celebran la actividad teatral porteña que llega a tener más de 1000 obras los fines de semana en plena temporada en los multiteatros, en las salas en off con variada cartelera cada día de la semana y en los centros culturales que jalonan toda la ciudad de Buenos Aires.

Elsa Bragato

jueves, 12 de junio de 2014

JANE FONDA: EL TERCER ACTO DE LA VIDA, YOUTUBE

Jane Fonda analizó el tercer acto de la vida en una estupenda conferencia. Les dejamos el link para que disfruten y analicen el contenido:

JOSÉ SARAMAGO: POEMA SOBRE LA VEJEZ

Qué cuántos años tengo? -
 ¡Qué importa eso !
 ¡Tengo la edad que quiero y siento!
 La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
 Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido..
. Pues tengo la experiencia de los años vividos
 y la fuerza de la convicción de mis deseos.
 ¡Qué importa cuántos años tengo!
 ¡No quiero pensar en ello!
 Pues unos dicen que ya soy viejo,
 y otros "que estoy en el apogeo".
 Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
 sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
  Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,
 para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,
> rectificar caminos y atesorar éxitos.
  Ahora no tienen por qué decir: ¡Estás muy joven, no lo lograrás!...
 ¡Estás muy viejo, ya no podrás!... 
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, 
pero con el interés de seguir creciendo.
 Tengo los años en que los sueños,
 se empiezan a acariciar con los dedos,
 las ilusiones se convierten en esperanza. 
 Tengo los años en que el amor,
 a veces es una loca llamarada,
 ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
 y otras... es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..
 ¿Qué cuántos años tengo?
 No necesito marcarlos con un número,
 pues mis anhelos alcanzados,
 mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas...
 ¡Valen mucho más que eso!
 ¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!
 Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos
 ¿Qué cuántos años tengo?
 ¡Eso!... ¿A quién le importa?
 Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
 y hacer lo que quiero y siento!!.
 Qué importa cuántos años tengo.
 o cuántos espero, si con los años que tengo,
 ¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!

martes, 29 de abril de 2014

CATACLISMICO REGRESO DE TINELLI A CANAL 13, ABRIL 2014




CATACLÍSMICO REGRESO
Marcelo Tinelli, luego de más de 400 días de ausencia de la pantalla chica, regresó con un supershow, a su manera, en la noche del lunes 28. Ciertamente, lo esperábamos dado que esa noche no habría jurados ni participantes. Solo show. Era lo “bueno”. Pero aparecieron sus gastados chistes con Adrián Suar, si podía ingresar al estudio ahora de propiedad de un empresario kirchnerista con una baja proporción societaria de Tinelli, sus burlas a Susana Giménez (“este año no vamos a hablar de política” pero habló de “Fútbol para todos” y de Capitanich), su autoreferencia familiar (emotiva por tratarse de su hijo Lorenzo, nacido hace pocas semanas), y el mismo “público”(amigos, doctores en medicina, en abogacía, contadores).
Todo esto fue después de un despliegue cataclísmico, donde apareció en primer término una filmación de un náufrago, las costas del sur, luego un grupo bailando en el Calafate, otros en Talampaya (chicas semidesnudas y curvilíneas, hermosas), algo de Jujuy… Un caleidoscopio humano que no se entendía para qué, sí, fue lindo, pero qué sentido tenía. Fue un miniturismo en segundos como para dar la idea de que los supuestamente 20 mil pesos que cuesta el “segundo Tinelli” en televisión sirven para algo. Y todo se fundió en los efectos lumínicos de una de las tres o cuatro pantallas que se importaron para caer así en el estudio.
Tampoco hubo mayor coherencia pero sí una sucesión de artistas notables sin guión alguno, desde Hernán Piquín y uno d e los cuadros de su próximo espectáculo, a “Fuerza Bruta” y sus notables efectos especiales, a cuatro grandes voces argentinas cantando en castellano (Sandra Mihanovich, Valeria Lynch, Lucía Galán y Marcela Morelo) en medio de una nube de humo blanco que suele ser tóxico, de pronto (hay que reconocerle la sincronización) a Karina la princesita cantando a capella una maravillosa versión de Hey Jude en inglés con el acompañamiento rítmico de un violoncello electrónico. Se notaba que las cámaras no tenían “tiro”, es decir, por más que intentaran “planos secuencias” en ese momento no se podía, no daba, uno veía un pastiche de gente haciendo cosas lindas pero sin entender para qué estaban todos. Como quien no quiere la cosa, apareció parte del Coro Estable del Teatro Colón cantando un fragmento del Cármina Burna de Carl  Orff, una de las piezas más exigentes que existen, surgidas de este compositor alemán considerado un terrible nazi, que apoyó el antisemitismo y estuvo codo a codo con Hitler.Pero, bueno, esto no lo saben. Todos amuchados, juntitos, uno a continuación del otro. La cámara zenital apareció cuando cientos de personas, vestidas de smoking, empezaron a saltar al ritmo de una canción en inglés, nuevamente, y bailaron el “pogo”, el saltito que aterroriza a los vecinos de Núñez cuando aparece algún recital en el estadio River Plate. Alrededor de las 23.16, cuando ya había aparecido a las 23.03 Tinelli en pantalla, hubo el primer plano secuencia que nos dio idea de la dimensión del estudio de Ideas del Sur, el mismo de siempre, lejos de ser el mayor estudio de Latinoamérica. Y se repitió a las 23.35, en un alarde de cinematografía de escuela de cine que no estuvo mal. A favor, el director del programa sincronizó las cámaras de manera tal que el pase caótico, cataclísmico, de un número a otro, fue correcto.
Llegó luego el pase de factura entre Adrián Suar y Marcelo Tinelli, previsto, autoguionado, más de lo mismo. Siempre se “odian” pero negocios son negocios, entendemos y, al “Chueco”, Tinelli le salva el rating que no logra con sus productos Pol-ka . Y finalmente el remedo de “Qué pasó ayer?”, una gran comedia americana. Visualmente, estuvo lograda, el caso es que no hubo remates en los sketches. Paupérrimo el de Jorge Lanata y Marcelo Longobardi que parecía no saber qué responder, insólito el de Dady Brieva con un final a sonrisa escandalosa para mostrar su nueva dentadura, y un desaprovechado Carlos Belloso, gran actor, como el policía malo que los detiene en la ruta. Hermosa, sí, la recepcionista del costoso hotel de puerto Madero, Guillermina Valdéz, antes de dar a luz.
Adláteres de Tinelli haciendo las veces de claque, gritos, bravos. Lo mejor fue el show de Martín Bossi en el cierre que forma parte de su “Bossi Big Bang Show”, éxito rotundo en la calle Corrientes. Notable artista que ciertamente le debe su popularidad a la aparición en los programas de Ideas del Sur. Marcelo Tinelli arrasó con el rating, 30 puntos de promedio pero no le alcanzó a Canal 13 para derribar el rating diario, aunque fue por décimas, de Telefé.
Nos pareció un supershow sin ton ni son, con valiosísimos artistas desaprovechados, sin relación alguna entre sí y con lo que veremos a partir de este martes, jurado y participantes, peleas berretas y todo lo que ya conocemos.

Elsa Bragato

domingo, 30 de marzo de 2014

"AL FINAL DEL ARCOIRIS", TEATRO APOLO, CRÍTICA



AL FINAL DEL ARCOIRIS
Del inglés Peter Quilter. Con Karina K, Antonio Grimau, Federico Amador, Víctor Malagrino, y dirección musical de Alberto Favero. Rubros técnicos: trío de jazz de Alberto Favero. Escenografía de Héctor Calmet. Iluminación de David Seldes, Vestuadio de Pablo Bataglia. Dirección general Ricky Pashkus.
BIOPIC DE JUDY GARLAND DIGNA DE BROADWAY
Con inusual delicadeza y profundidad, “Al final del arcoíris” nos muestra los últimos años de Judy Garland que transcurrieron entre excesos de todo tipo, la relación con su último marido, Mickey Deans, y la compañía de Anthony, personaje que resume en sí a los músicos que estuvieron junto a la estrella hasta el final.
Once números musicales de melodías famosas pero que, curiosamente, no vamos a recordar al final de la obra, quiebran el clima de exceso y drama personal de Judy Garland. Para eso, la obra del inglés Peter Quilter se vale de una escenografía funcional: en segundos, el cuarto del hotel se transforma en un escenario con luces de “neón” destellando el nombre “Judy”. Y allí está ella, encarnada por una potente Karina K, una de las grandes voces nacionales.
Antonio Grimau como “Anthony” es el pianista sensible representando a la comunidad gay que adoraba a Garland (en el film “El mago de Oz”, dicha comunidad encontró simbología gay convirtiendo a Judy Garland en su ícono en años de gran incomprensión e intolerancia); Grimau dota de gran calidez y seducción a su personaje, atento a los desmanes de Judy, a la conducta sinuosa de Deans, preocupado por su adicción, y hasta enamorándose de esa mujer puro nervio y talento (hay un sketch de un beso que conmueve). Es un “Anthony” querible, simpático, con momentos de diálogos profundos y de puro disfrute.
Federico Amador nos sorprendió por su calidad y seguridad actoral dándole temperamento a Mickey Deans. ¿Bueno, malo, aprovechado, tolerante? El espectador deberá resolverlo. Amador, popular por sus personajes en televisión, tiene presencia escénica fuerte. Pisa como se debe.
Karina K es el centro de la obra, en ella descansa el peso del protagonismo y, en definitiva, la relación del resto de los personajes. Vastamente conocida y siempre aplaudida de pie, su “Judy” tiene la potencia de su voz, con esos finales alargados y fuertes en cada canción, aunque una pizca de profundidad en ciertas situaciones de humor mejorarían su gran performance.
Y, detrás pero de pronto en primer plano, aparece el maestro Alberto Favero junto a su trío (Alberto Puertas en contrabajo y Quintini Cinalli en batería), gran maestro de música. Su riqueza como intérprete es un plus invalorable para esta obra, que no es un musical pero tampoco deja de serlo.
Víctor Malagrino compone al locutor, el presentador, el periodista, logrando en cada situación el “physic du rol” perfecto, atinado. Se multiplica con habilidad y talento y es el personaje pivot de varios momentos. Los rubros técnicos son inmejorables: la escenografía tiene delicadeza y calidad, la iluminación es perfecta, el sonido también, como el vestuario, acomodado a los exigentes cambios que impone la obra. Nos quedan unas líneas para Ricky Pashkus en la dirección, que maneja los hilos de estos cuatro personajes así como la inclusión de los shows de Garland con maestría.
“Al final del arcoíris” es una de esas obras que engalanan la cartelera porteña, donde las actuaciones y la música nos van calando hondo de a poco pero implacablemente, donde se nos va seduciendo como quien no quiere, terminándose de pie y aplaudiendo a rabiar a un elenco digno de Broadway.
Elsa Bragato

lunes, 24 de marzo de 2014

"33 VARIACIONES", CRÍTICA, 2014



“33 VARIACIONES”, DE MOISÉS KAUFMAN
Teatro Metropolitan Citi, Buenos Aires.
DIRECCIÓN DE HELENA TRITEK. CON MARILÚ MARINI, LITO CRUZ, MALENA SOLDA, RODOLFO DE SOUZA, FRANCISCO DONOVAN, GABY FERRERO, ALEJO ORTIZ, NATALIO GONZÁLEZ PETRICH. PRENSA: SMW. TÉCNICA: Jorge Ferrari, Eli Sirlin, Mini Zuccheri, Susana Rossi, Pablo Abal, Jorge Pérez, Martín Henderson, Albertina Klitenik, Ana Passarelli, Verónica Alcoba, Florencia Antacle, Germán Rúa, Johanna Wolf, Sisso Chouela, Romina Juejati, Gabriela Koga, Diego Pando, Damián Zaga, Ariel Stolier. Productor General: Pablo Kompel.

Desde el tema propuesto hasta el más mínimo detalle, la puesta de “33 Variaciones” de Helena Tritek conmueve por su excelencia. La pieza es del venezolano Moisés Kaufman, radicado en New York y versa sobre la fascinación que tuvo el gran Beethoven con un mediocre vals de Anton Diabelli, editor del siglo XIX quien envió su vals a 50 compositores en 1819 y Beethoven, que en principio había sido el único en rechazarlo, posteriormente se tomó varios años componiendo variaciones sobre cuatro notas iniciales del trabajo de Diabelli. Kaufman recrea un paralelismo ficticio entre una musicóloga (Marilú Marini) que viaja a Bonn para analizar los originales del compositor, y el momento en que Beethoven inicia la composición de las variaciones, al mismo tiempo que compone su Misa y la Novena Sinfonía.
Dos épocas, dos tiempos diferentes, unidos por dos personajes. Una lo sueña. El otro contribuye a sus sueños desde el pasado con su música. Marilú Marini es “Catalina”, la empecinada musicóloga que padece de una esclerosis que va avanzando. Beeethoven está a cargo de otro gran actor, Lito Cruz. Poco son los actores que pueden encarnar al genial alemán por condiciones físicas y temperamento. Sin duda, además de Gary Oldman, está Lito Cruz. Malena Solda es la hija de la musicóloga, mientras que, en el plató, se despliegan con certera utilización del espacio, el pianista (el joven entrerriano Natalio González Petrick), el secretario de Beethoven (Alejo Ortiz), el enamorado de Clara-Solda a cargo de un medido y cálido Francisco Donovan, la curadora de las obras de Beeethoven que encarna Gaby Ferrero dándole el matiz germano requerido y el editor Diabelli, otra muy buena composición del reconocido Rodolfo De Souza.
La obra de Kaufman nos habla de la comprensión de la creación en sí, la turbulencia de la vida que genera trabas como una esclerosis y una sordera, el tesón por continuar el camino elegido, la comprensión de una hija a su madre, de un editor a su compositor y, en el medio, las personas que ayudan a unos y otros con piadosa generosidad. Y también nos descubre qué pudo pasar en el alma de Beethoven para lograr 33 variaciones sobre un pequeño tema musical (¿superar a las 32 de Golberg de Bach, tal como se indica? ¿Superarse a sí mismo en su genialidad, de la que era conciente?).
La puesta de Helena Tritek es portentosa, precisa y preciosa. La escenografía de Jorge Ferrari y el vestuario de Mini Zuccheri, desde lo visual deslumbran por una concepción minimalista que atrapa. La utilización de los laterales y del mobiliario marcan además búsqueda de una perfección escenográfica alcanzada. Y si bien la excelencia nos asombra a cada momento, caben señalar algunos momentos de actuación fascinantes: los actores cantan, los actores danzan, con afinación y gracia. Van cautivando al público con cada gesto. Marilú Marini tiene tamaña ductilidad física en el rol de esta madre musicóloga afectada por esclerosis que golpea el corazón por la naturalidad. Lito Cruz es el hallazgo para este Beethoven desmelenado, gruñón insufrible, que tiene la música en su cabeza y la sueña porque no puede escucharla más que allí, en su mente. Hay un momento en que Lito Cruz, con la ejecución de una de las variaciones a cargo de Natalio González Petrich (su ubicación en la escenografía es fantástica), se planta en mitad del escenario y va recorriendo las tonalidades de la obra, marcando los pianissimos y los fortissimos, intenta tocarla con sus dedos en el aire. En otra instancia, se produce el encuentro entre Catalina y Beethoven, hallazgos de Kaufman y de Tritek, de quien todo ha sido dicho ya.
Que Beethoven esté (reposición) en la cartelera porteña, que un elenco altamente probado haga suyo un escenario, que una de las mejores directoras sea la mano invisible que une almas, música y escenografía, nos indican que el teatro nacional es para seguir aplaudiéndolo de pie. La excelencia se adueñó de esta obra y este elenco en el corazón de Buenos Aires.
Elsa Bragato