sábado, 19 de diciembre de 2015

BALANCE DEL CINE NACIONAL HASTA NOVIEMBRE, 2015, POR CARLOS PIERRE Y ELSA BRAGATO



BALANCE DE CINE NACIONAL 2015.-
Entre el 1ro de enero y el 30 de noviembre del 2015 se estrenaron más de 150 películas nacionales, de las cuales un tercio fueron documentales, docu-ficciones y biopics en primera persona.
En seis meses, se superó ampliamente el 10% de la taquilla obtenida el año anterior, teniendo en cuenta que fue un año de grandes superproducciones extranjeras.
Sin tener en cuenta la venta de tickets, consideramos que las películas más notables de este buen año nacional fueron “Abzurdah”, con el debut cinematográfico de una estrella joven de la televisión, “China” Suárez, así como “Sin hijos”, de Ariel Winograd, con Diego Peretti; “Papeles en el viento”, de Juan Taratuto, con Diego Peretti nuevamente, Pablo Rago, Pablo Echarri y el regreso al cine de Diego Torres; “Vóley”, de Martín Piroyansky, con él en la actuación como también en “Papeles…”; “Tuya”, de Edgardo González Amer, sobre libro de Claudia Piñeiro, con Jorge Marrale, Andrea Pietra y Juana Viale; “El patrón, radiografía de un crimen”, de Sebastián Schindel, con un notable Joaquín Furriel sobre un caso real; “La patota”, de  Santiago Mitre, remake del film del recordado Daniel Tinayre de 1960, con Dolores Fonzi, que obtuvo el reconocimiento a la mejor actriz en la Semana del Cine en Cannes, junto a Oscar Martínez y Esteban Lamothe; “El desafío”, de Juan Pablo Rampoldi, con Nicolás Riera y Rocío Igarzábal; “Tokio”, de Maxi Gutiérrez, un duelo actoral bello entre Graciela Borges y Luis Brandoni; “El 5 de Talleres”, de Adrián Biniéz, con Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg (pareja en la vida real); “Pistas para volver a casa”, de Jazmín Stuart, con Erica Rivas, Juan Minujin y Hugo Arana; “Truman”, de Cesc Gay, catalán, con Ricardo Darín y Javier Cámara, producción de los hermanos Almodóvar, que obtuvieron el Goya a las mejores actuaciones; “Francisco, el padre Jorge”, de Beda Docampo Feijoó, con Darío Grandinetti, primer film sobre el Papa Francisco o Jorge Bergoglio y “Mi amiga del parque”, de Ana Katz, con Daniel Hendler y Julieta Zylberberg, entre otros títulos que mostraron variedad de género.
También destacamos “Los del suelo”, en la segunda mitad del año, de Juan Baldana, con Juan Palomino, Julieta Cardinali y Luis Ziembrowski; “El prisionero irlandés”, de Carlos Jaureguialzo y Marcela Silva, con Alexia Moyano, Juan Grandinetti y Tom Harris; “El almuerzo”, de Javier Torre en su regreso al cine, con Alejandro Awada, Roberto Carnaghi, Pompeyo Audivert, Arturo Bonín, Jean-Pierre Noher y Lorenzo Quinteros.
El gran éxito del año fue “El clan”, film elegido para representarnos en los Oscar y en los Goya 2016, de Pablo Trapero, con Guillermo Francella, Lili Popovich y la revelación del año, Peter Lanzani.
Entre las que no funcionaron como se pensaba están “El espejo de los otros”, de Marcos Carnevale, con un superelenco con Graciela Borges, Pepe Cibrián Campoy, Oscar Martínez, el regreso al cine de Marilina Ross, Leticia Bredice, Alfredo Casero, Julieta Díaz y Norma Aleandro. Pasó sin pena ni gloria, igual que el film “Baires”, de Marcelo Páez-Cubells, con Germán Palacios, Benjamín Vicuña, Juana Viale y Sabrina Garciarena, y la banda sonora del compositor argentino Federico Jusid.
Como indicamos al comienzo, un altísimo porcentaje de la producción nacional fueron documentales de todo tipo. No obstante, podemos clasificar algunos films por género.
En el género histórico, se exhibieron “El almuerzo”, “El prisionero irlandés”, “Y los del suelo”
En el género deportivo, por darle un nombre, y como gran curiosidad de este año, vimos “El 5 de Talleres”, “Papeles en el viento” y “Vóley”.
En la comedia romántica, tuvimos los dos extremos: para jóvenes, “El desafío” y para los adultos, “Tokio”.
En entretenimiento, se vieron “Socios por accidente 2”, de Nicanor Loreti y Fabián Forte, con Peter Alfonso y José M. Listorti, que no logró la repercusión de la primera película, y “Locos sueltos en el zoo”, de Luis Barros, con Emilio Disi, Fabián Gianola, Karina Jelinek, Matías Alé, Luciana Salazar, entre otros.
CURIOSIDADES
Nuestros artistas lograron premios en el exterior como no sucedía desde hacía años, empezando por Ricardo Darín y Javier Cámara, español, con el Goya 2015; Luciano Cáceres fue otro de los galardonados por “Gato Negro” en diferentes festivales, mientras que Joaquín Furriel obtuvo su premio por “El patrón…”. Asimismo Erica Rivas fue distinguida en Málaga por su labor en “Relatos Salvajes”. Paola Barrientos mereció el Gran Premio del Jurado de una de las secciones del último Festival de Berlín por su actuación en “Ciencias naturales”. Dolores Fonzi obtuvo el premio a la mejor actriz en el Festival de Málaga por “La patota”, mientras que la película fue galardonada en una sección especial del festival de Cannes.
Pablo Trapero fue uno de los directores del año por obtener el premio como tal en el festival de Venecia por “El Clan” y recibió la distinción de “Caballero de las Artes y de las Letras” de manos del gobierno de Francia.
A su vez, Damián Szifrón ingresó a la Academia de las Artes y Ciencias de Hollywood.
Quien mereció elogios de la crítica como directora y actriz fue Verónica Llinás quien realizó “La mujer de los perros” en colaboración con Laura Citarella, además de protagonizarla en forma absoluta.
Se destacaron Esteban Lamothe, “Chino” Darín, Jean Pierre Noher por interpretar por segunda vez en su vida a Jorge Luis Borges, Joaquín Furriel, Luciano Cáceres, Diego Peretti, Julieta Zylberberg, así como las participaciones un tanto débiles de Juana Viale en dos films.
Y apuntamos una revelación: Peter Lanzani. Para tener muy en cuenta. Así como el debut en calidad de protagonista de “Chino” Darín (a igual que “China” Suárez) en “Uno mismo”.
DOCUMENTALES NACIONALES
Los documentales nacionales conformaron más de un tercio, como decíamos antes, de los films nacionales. Destacamos Ciudades de lluvia (filmada en Londres), Francisco de Buenos Aires, Invasión, Tango-pasión y muerte, Las enfermeras de Evita, Cuarenta balas, Soy Ringo, Tango-pasión-y sexo, León reflejo de una pasión, Saldaño: el sueño dorado, El último pasajero, Zonda, Alunizar, Margarita no es una flor, Alfonsina, La calle de los pianistas, Castores la invasión del fin del mundo, Los adioses, Belgrano-una película pirata, Anconetani, Pérez Celis, Proyecto Mariposa, Refugiados en su tierra, Aguas abiertas, Los cuadros al sol, El documental en movimiento, Los ojos de América, Nosotros-ellos y yo (Argentina-Israel-Palestina), Boca Jr. 3D, Cabeza de ratón, Ellos te eligen, Después de Sarmiento, Salgán vs. Salgán, Victoria (Morán), Vergüenza y respeto, Cuerpo de letra, La jugada del peón, Icaros, 7 Salamancas, Walsh para todos, El crazy Che, Sordo (actores sordos), entre otros.
Destacamos tres: “Un tango más”, con la vida del gran Juan Carlos Copes,  “Eva no duerme”, un docu-ficción sobre el largo trajinar del ataúd de Eva Perón luego de 1955, y “Tras la pantalla”, la vida del distribuidor de cine Pablo Condito y su distribuidora nacional “Primer Plano Film Group”.
CINE INDEPENDIENTE
Si bien hay muchos nombres ilustres del cine independiente, rescatamos tres por su regreso, por su tenacidad: Raúl Perrone, Gustavo Postiglione y José Campusano.
Elsa Bragato – Carlos Pierre

sábado, 6 de diciembre de 2014

BALANCE TEATRAL 2014, SOBREVUELO SOBRE AUTORES Y GÉNEROS TEATRALES



BALANCE DE TEATRO 2014.-

DESDE EL 1RO DE ENERO HASTA EL 15 DE NOVIEMBRE

SOBREVUELO SOBRE EL AÑO TEATRAL

Este año que termina tiene características diferentes a los anteriores. Sobre un total de 187 salas, entre oficiales y “off Corrientes”, se puso énfasis en las creaciones colectivas, pluridisciplinarias, en el stand-up (prácticamente la “vedette” del año en la materia) y las versiones con clowns o bien definidas como “clownescas”, otras con títeres, incluyendo los títeres de mesa para interactuar con los elencos.

Un género incursionó como novedad en un par de puestas: el thriller de carácter policial, que siempre lleva al análisis psicológico d e los personajes, con tendencia al humor negro en algún caso. Por lo que la variedad de autores nacionales ha sido superlativa y difícil de encuadrar en pocas líneas. Es destacable el esfuerzo creativo personal y colectivo que se ha realizado con puestas que tuvieron muy buena respuesta del público y permitieron a varios elencos iniciar giras por el interior del país.

Destacamos la presencia del teatro de Carlos Gorostiza en ”Hay que apagar el fuego”, versión clown, novedad del año, o bien la versión sobre “Los hermanos queridos”, y “Aeroplanos”. Roberto Arlt fue de los más transitados también a través de “Noche terrible”·,”Saverio el cruel” y “Los siete locos”. Dalmiro Sáenz regresó con la puesta de su obra “Las Boludas” mientras que Norman Briski tuvo varios estrenos en su teatro Calibán como “Las 50 Nereidas” y “Partida real”. Se produjo el debut teatral del director y escritor Roberto Maiocco con “Cambio y fuera” y el estreno mundial de “Muchas felicidades” de Paco Urondo, así como el estreno nacional de “El casamiento”, de Nicolai Gogol, con puesta y dirección de Ernesto Raso Caprari. También apuntamos la obra “Palabras con sentido” de Ricky Pashkus.

Entre los poetas y narradores argentinos llevados al teatro se destacan María Elena Walsh con “Legado”, y “El salvaje” con Pablo FInamore sobre “Cuentos de la selva” de Horacio Quiroga. Alejandro Dolina reapareció, a su vez, con una puesta de “Maderna el hombre que se transforma demasiado”, así como  Mario Diament con “Guayaquil y cita a ciegas”, y Pacho O’ Donnell con “Frío y caliente”. Homenaje a Alejandro Urdapilleta fue el montaje de “Las fabricantes de tortas”,  mientras que Ricardo Halac tuvo en escena “Soledad para cuatro” y Felipe Pigna logró que textos suyos conformaran la obra “Mujeres tenían que ser”.

Javier Daulte estuvo con “Faros de color”, su ópera primera, y en la dirección del unipersonal de Darío Grandinetti “Novecento”. Y el estreno de “Mujeres de cenizas” con coautoría de Sergio Marcos.

Marcamos diferencias en el material llevado a escena y esto se dio, entre otros indicadores que mencionamos al comienzo, en la presencia de  obras de Shakespeare y de García Lorca en mucho menor medida que otros años. Por ejemplo, el “bardo inglés” tuvo “El amor está en los bosques”, basada en “Sueño de una noche de verano”, “Como les guste”, “Romeo y Julieta” dirigida por Virginia Lago, y la obra en sí “Sueño de una noche de verano”. Federico García Lorca fue “versionado” en “La casa de Bernarda Alba”, “Mariana Pineda, Al aire de la libertad”, “Aquel mar es mi mar” y “Bodas de sangre”.

Varios infaltables  son Anton Chejov, esta vez con “El jardín de los cerezos”, obra cumbre de la dramaturgia del siglo XX,  y Luigi Pirandello con una versión de “El engaño” titulada “Dos miradas” y “Dos casas”: Harold Pinter con “El cuidador”; “Las sillas” de Eugene Ionesco.

Retomamos los autores nacionales: “Giacomo “ de Armando Discepolo volvió a escena así como “Los árboles mueren de pie” de Alejandro Casona. Y “La omisión de la familia Coleman” es el consagrado título de Claudio Tolcachir, infaltable en la escena nacional.

Entre muchas otras puestas hay algunas que pusieron un toque diferente en la elección del material como “El vestido azul” del canadiense Steve Russo, “La señora Klein” del dramaturgo sudafricano Nicholas Wright, “Apenas el fin del mundo”, del francés Jean Luc Lagarce, “”Woyzeck” del alemán George Buchner, “El ojo público” sobre obra del británico Peter Shaffer, “Flores de papel” del chileno Egon Wolff, “El bello indiferente” del francés Jean Cocteau. Y hasta una versión para títeres de “La flauta mágica” de W. A, Mozart.

Hubo reconocimientos importantes como el otorgado a la tercera temporada de “El señor Galíndez”, de Tato Pavlovsky, otro d e los autores que llegaron a escena este año con más de una obra, en versión de Daniel Loisi. Mientras que los monologuistas que tuvieron todo el favor del público fueron “Pinti recargado” con Enrique Pinti, Baby Etchecopar, Coco Silly, Juan Acosta, Marcelo Mazzarello y Pablo Angeli, mencionando solo a los más renombrados.

Apuntábamos una clara tendencia a la actividad colectiva, la utilización de títeres y el género policial. Y hay que añadir una obra de carácter seudopolítico como “La mujer del anatomista”, coproducción argentino-española, y “Ayer murió Perón” donde no se habla del líder político pero ronda su muerte en varios personajes desencarnados de los 70 y 80.

Este pantallazo o sobrevuelo sobre las casi 200 salas capitalinas, sin mencionar las temporadas de las salas oficiales (en su temporada anual, el T.N.Cervantes tiene dos ciclos que destacamos: el Teatro Federal y Teatro del País) y las comerciales, sería muy incompleto sin tener en cuenta los festivales como el Shakespeare, que se realiza en febrero, el  IX Festival Becket en noviembre-diciembre, la tercera edición de “Teatro Bombón”, Teatrisimo a beneficio de la Casa del Teatro, Teatro por la Identidad,  el 7mo Festival Internacional de Teatro Pirologías, y el 1 Festival de Teatro sobre Violencia de Género, así como los festivales de teatro en diferentes provincias, entre otros (festival de teatro en Buenos Aires, festival internacional de Teatro en Buenos Aires, etcétera).

Debemos destacar la presencia de directores como Arturo Puig, Roberto Antier, José María Muscari, y el redescubrimiento del actor “éxito” del momento, Diego Gentile; así como la permanencia de obras como “Toc toc”, los musicales como “Priscilla”, la programación del teatro Nacional Cervantes a precios muy accesibles y su “teatro federal” recorriendo todo el país, y de los teatros oficiales en general, como también el teatro The Globe al aire libre donde el “Puma Goity hizo un muy especial “Ricardo III”de Shakespeare. Autores que nunca faltan son justamente Shakespeare, Bretch, Chejov, Lorca, además de los nacionales Cossa, Gorostiza, Discepolo, entre otros. Como curiosidad cultural tuvimos el primer Festival de Teatro para Bebés y festivales de teatro en La Pampa, Mendoza, Santa Fe, Entre Ríos, Misiones, entre otras provincias, además del festival internacional de teatro en Buenos Aires.

Los premios ACE, los Podestá, los reconocimientos de la SAGAI, los Florencio Sánchez, los Susini, los María Guerrero, el flamante premio “Onofre Lovero” al teatro independiente, los premios a los autores nacionales y extranjeros, concursos de obras de Argentores, son solo algunas de las premiaciones y posibilidades autorales que celebran la actividad teatral porteña que llega a tener más de 1000 obras los fines de semana en plena temporada en los multiteatros, en las salas en off con variada cartelera cada día de la semana y en los centros culturales que jalonan toda la ciudad de Buenos Aires.

Elsa Bragato

jueves, 12 de junio de 2014

JOSÉ SARAMAGO: POEMA SOBRE LA VEJEZ

Qué cuántos años tengo? -
 ¡Qué importa eso !
 ¡Tengo la edad que quiero y siento!
 La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
 Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido..
. Pues tengo la experiencia de los años vividos
 y la fuerza de la convicción de mis deseos.
 ¡Qué importa cuántos años tengo!
 ¡No quiero pensar en ello!
 Pues unos dicen que ya soy viejo,
 y otros "que estoy en el apogeo".
 Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
 sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
  Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,
 para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,
> rectificar caminos y atesorar éxitos.
  Ahora no tienen por qué decir: ¡Estás muy joven, no lo lograrás!...
 ¡Estás muy viejo, ya no podrás!... 
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, 
pero con el interés de seguir creciendo.
 Tengo los años en que los sueños,
 se empiezan a acariciar con los dedos,
 las ilusiones se convierten en esperanza. 
 Tengo los años en que el amor,
 a veces es una loca llamarada,
 ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
 y otras... es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..
 ¿Qué cuántos años tengo?
 No necesito marcarlos con un número,
 pues mis anhelos alcanzados,
 mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas...
 ¡Valen mucho más que eso!
 ¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!
 Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos
 ¿Qué cuántos años tengo?
 ¡Eso!... ¿A quién le importa?
 Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
 y hacer lo que quiero y siento!!.
 Qué importa cuántos años tengo.
 o cuántos espero, si con los años que tengo,
 ¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!

martes, 29 de abril de 2014

CATACLISMICO REGRESO DE TINELLI A CANAL 13, ABRIL 2014




CATACLÍSMICO REGRESO
Marcelo Tinelli, luego de más de 400 días de ausencia de la pantalla chica, regresó con un supershow, a su manera, en la noche del lunes 28. Ciertamente, lo esperábamos dado que esa noche no habría jurados ni participantes. Solo show. Era lo “bueno”. Pero aparecieron sus gastados chistes con Adrián Suar, si podía ingresar al estudio ahora de propiedad de un empresario kirchnerista con una baja proporción societaria de Tinelli, sus burlas a Susana Giménez (“este año no vamos a hablar de política” pero habló de “Fútbol para todos” y de Capitanich), su autoreferencia familiar (emotiva por tratarse de su hijo Lorenzo, nacido hace pocas semanas), y el mismo “público”(amigos, doctores en medicina, en abogacía, contadores).
Todo esto fue después de un despliegue cataclísmico, donde apareció en primer término una filmación de un náufrago, las costas del sur, luego un grupo bailando en el Calafate, otros en Talampaya (chicas semidesnudas y curvilíneas, hermosas), algo de Jujuy… Un caleidoscopio humano que no se entendía para qué, sí, fue lindo, pero qué sentido tenía. Fue un miniturismo en segundos como para dar la idea de que los supuestamente 20 mil pesos que cuesta el “segundo Tinelli” en televisión sirven para algo. Y todo se fundió en los efectos lumínicos de una de las tres o cuatro pantallas que se importaron para caer así en el estudio.
Tampoco hubo mayor coherencia pero sí una sucesión de artistas notables sin guión alguno, desde Hernán Piquín y uno d e los cuadros de su próximo espectáculo, a “Fuerza Bruta” y sus notables efectos especiales, a cuatro grandes voces argentinas cantando en castellano (Sandra Mihanovich, Valeria Lynch, Lucía Galán y Marcela Morelo) en medio de una nube de humo blanco que suele ser tóxico, de pronto (hay que reconocerle la sincronización) a Karina la princesita cantando a capella una maravillosa versión de Hey Jude en inglés con el acompañamiento rítmico de un violoncello electrónico. Se notaba que las cámaras no tenían “tiro”, es decir, por más que intentaran “planos secuencias” en ese momento no se podía, no daba, uno veía un pastiche de gente haciendo cosas lindas pero sin entender para qué estaban todos. Como quien no quiere la cosa, apareció parte del Coro Estable del Teatro Colón cantando un fragmento del Cármina Burna de Carl  Orff, una de las piezas más exigentes que existen, surgidas de este compositor alemán considerado un terrible nazi, que apoyó el antisemitismo y estuvo codo a codo con Hitler.Pero, bueno, esto no lo saben. Todos amuchados, juntitos, uno a continuación del otro. La cámara zenital apareció cuando cientos de personas, vestidas de smoking, empezaron a saltar al ritmo de una canción en inglés, nuevamente, y bailaron el “pogo”, el saltito que aterroriza a los vecinos de Núñez cuando aparece algún recital en el estadio River Plate. Alrededor de las 23.16, cuando ya había aparecido a las 23.03 Tinelli en pantalla, hubo el primer plano secuencia que nos dio idea de la dimensión del estudio de Ideas del Sur, el mismo de siempre, lejos de ser el mayor estudio de Latinoamérica. Y se repitió a las 23.35, en un alarde de cinematografía de escuela de cine que no estuvo mal. A favor, el director del programa sincronizó las cámaras de manera tal que el pase caótico, cataclísmico, de un número a otro, fue correcto.
Llegó luego el pase de factura entre Adrián Suar y Marcelo Tinelli, previsto, autoguionado, más de lo mismo. Siempre se “odian” pero negocios son negocios, entendemos y, al “Chueco”, Tinelli le salva el rating que no logra con sus productos Pol-ka . Y finalmente el remedo de “Qué pasó ayer?”, una gran comedia americana. Visualmente, estuvo lograda, el caso es que no hubo remates en los sketches. Paupérrimo el de Jorge Lanata y Marcelo Longobardi que parecía no saber qué responder, insólito el de Dady Brieva con un final a sonrisa escandalosa para mostrar su nueva dentadura, y un desaprovechado Carlos Belloso, gran actor, como el policía malo que los detiene en la ruta. Hermosa, sí, la recepcionista del costoso hotel de puerto Madero, Guillermina Valdéz, antes de dar a luz.
Adláteres de Tinelli haciendo las veces de claque, gritos, bravos. Lo mejor fue el show de Martín Bossi en el cierre que forma parte de su “Bossi Big Bang Show”, éxito rotundo en la calle Corrientes. Notable artista que ciertamente le debe su popularidad a la aparición en los programas de Ideas del Sur. Marcelo Tinelli arrasó con el rating, 30 puntos de promedio pero no le alcanzó a Canal 13 para derribar el rating diario, aunque fue por décimas, de Telefé.
Nos pareció un supershow sin ton ni son, con valiosísimos artistas desaprovechados, sin relación alguna entre sí y con lo que veremos a partir de este martes, jurado y participantes, peleas berretas y todo lo que ya conocemos.

Elsa Bragato

domingo, 30 de marzo de 2014

"AL FINAL DEL ARCOIRIS", TEATRO APOLO, CRÍTICA



AL FINAL DEL ARCOIRIS
Del inglés Peter Quilter. Con Karina K, Antonio Grimau, Federico Amador, Víctor Malagrino, y dirección musical de Alberto Favero. Rubros técnicos: trío de jazz de Alberto Favero. Escenografía de Héctor Calmet. Iluminación de David Seldes, Vestuadio de Pablo Bataglia. Dirección general Ricky Pashkus.
BIOPIC DE JUDY GARLAND DIGNA DE BROADWAY
Con inusual delicadeza y profundidad, “Al final del arcoíris” nos muestra los últimos años de Judy Garland que transcurrieron entre excesos de todo tipo, la relación con su último marido, Mickey Deans, y la compañía de Anthony, personaje que resume en sí a los músicos que estuvieron junto a la estrella hasta el final.
Once números musicales de melodías famosas pero que, curiosamente, no vamos a recordar al final de la obra, quiebran el clima de exceso y drama personal de Judy Garland. Para eso, la obra del inglés Peter Quilter se vale de una escenografía funcional: en segundos, el cuarto del hotel se transforma en un escenario con luces de “neón” destellando el nombre “Judy”. Y allí está ella, encarnada por una potente Karina K, una de las grandes voces nacionales.
Antonio Grimau como “Anthony” es el pianista sensible representando a la comunidad gay que adoraba a Garland (en el film “El mago de Oz”, dicha comunidad encontró simbología gay convirtiendo a Judy Garland en su ícono en años de gran incomprensión e intolerancia); Grimau dota de gran calidez y seducción a su personaje, atento a los desmanes de Judy, a la conducta sinuosa de Deans, preocupado por su adicción, y hasta enamorándose de esa mujer puro nervio y talento (hay un sketch de un beso que conmueve). Es un “Anthony” querible, simpático, con momentos de diálogos profundos y de puro disfrute.
Federico Amador nos sorprendió por su calidad y seguridad actoral dándole temperamento a Mickey Deans. ¿Bueno, malo, aprovechado, tolerante? El espectador deberá resolverlo. Amador, popular por sus personajes en televisión, tiene presencia escénica fuerte. Pisa como se debe.
Karina K es el centro de la obra, en ella descansa el peso del protagonismo y, en definitiva, la relación del resto de los personajes. Vastamente conocida y siempre aplaudida de pie, su “Judy” tiene la potencia de su voz, con esos finales alargados y fuertes en cada canción, aunque una pizca de profundidad en ciertas situaciones de humor mejorarían su gran performance.
Y, detrás pero de pronto en primer plano, aparece el maestro Alberto Favero junto a su trío (Alberto Puertas en contrabajo y Quintini Cinalli en batería), gran maestro de música. Su riqueza como intérprete es un plus invalorable para esta obra, que no es un musical pero tampoco deja de serlo.
Víctor Malagrino compone al locutor, el presentador, el periodista, logrando en cada situación el “physic du rol” perfecto, atinado. Se multiplica con habilidad y talento y es el personaje pivot de varios momentos. Los rubros técnicos son inmejorables: la escenografía tiene delicadeza y calidad, la iluminación es perfecta, el sonido también, como el vestuario, acomodado a los exigentes cambios que impone la obra. Nos quedan unas líneas para Ricky Pashkus en la dirección, que maneja los hilos de estos cuatro personajes así como la inclusión de los shows de Garland con maestría.
“Al final del arcoíris” es una de esas obras que engalanan la cartelera porteña, donde las actuaciones y la música nos van calando hondo de a poco pero implacablemente, donde se nos va seduciendo como quien no quiere, terminándose de pie y aplaudiendo a rabiar a un elenco digno de Broadway.
Elsa Bragato

lunes, 24 de marzo de 2014

"33 VARIACIONES", CRÍTICA, 2014



“33 VARIACIONES”, DE MOISÉS KAUFMAN
Teatro Metropolitan Citi, Buenos Aires.
DIRECCIÓN DE HELENA TRITEK. CON MARILÚ MARINI, LITO CRUZ, MALENA SOLDA, RODOLFO DE SOUZA, FRANCISCO DONOVAN, GABY FERRERO, ALEJO ORTIZ, NATALIO GONZÁLEZ PETRICH. PRENSA: SMW. TÉCNICA: Jorge Ferrari, Eli Sirlin, Mini Zuccheri, Susana Rossi, Pablo Abal, Jorge Pérez, Martín Henderson, Albertina Klitenik, Ana Passarelli, Verónica Alcoba, Florencia Antacle, Germán Rúa, Johanna Wolf, Sisso Chouela, Romina Juejati, Gabriela Koga, Diego Pando, Damián Zaga, Ariel Stolier. Productor General: Pablo Kompel.

Desde el tema propuesto hasta el más mínimo detalle, la puesta de “33 Variaciones” de Helena Tritek conmueve por su excelencia. La pieza es del venezolano Moisés Kaufman, radicado en New York y versa sobre la fascinación que tuvo el gran Beethoven con un mediocre vals de Anton Diabelli, editor del siglo XIX quien envió su vals a 50 compositores en 1819 y Beethoven, que en principio había sido el único en rechazarlo, posteriormente se tomó varios años componiendo variaciones sobre cuatro notas iniciales del trabajo de Diabelli. Kaufman recrea un paralelismo ficticio entre una musicóloga (Marilú Marini) que viaja a Bonn para analizar los originales del compositor, y el momento en que Beethoven inicia la composición de las variaciones, al mismo tiempo que compone su Misa y la Novena Sinfonía.
Dos épocas, dos tiempos diferentes, unidos por dos personajes. Una lo sueña. El otro contribuye a sus sueños desde el pasado con su música. Marilú Marini es “Catalina”, la empecinada musicóloga que padece de una esclerosis que va avanzando. Beeethoven está a cargo de otro gran actor, Lito Cruz. Poco son los actores que pueden encarnar al genial alemán por condiciones físicas y temperamento. Sin duda, además de Gary Oldman, está Lito Cruz. Malena Solda es la hija de la musicóloga, mientras que, en el plató, se despliegan con certera utilización del espacio, el pianista (el joven entrerriano Natalio González Petrick), el secretario de Beethoven (Alejo Ortiz), el enamorado de Clara-Solda a cargo de un medido y cálido Francisco Donovan, la curadora de las obras de Beeethoven que encarna Gaby Ferrero dándole el matiz germano requerido y el editor Diabelli, otra muy buena composición del reconocido Rodolfo De Souza.
La obra de Kaufman nos habla de la comprensión de la creación en sí, la turbulencia de la vida que genera trabas como una esclerosis y una sordera, el tesón por continuar el camino elegido, la comprensión de una hija a su madre, de un editor a su compositor y, en el medio, las personas que ayudan a unos y otros con piadosa generosidad. Y también nos descubre qué pudo pasar en el alma de Beethoven para lograr 33 variaciones sobre un pequeño tema musical (¿superar a las 32 de Golberg de Bach, tal como se indica? ¿Superarse a sí mismo en su genialidad, de la que era conciente?).
La puesta de Helena Tritek es portentosa, precisa y preciosa. La escenografía de Jorge Ferrari y el vestuario de Mini Zuccheri, desde lo visual deslumbran por una concepción minimalista que atrapa. La utilización de los laterales y del mobiliario marcan además búsqueda de una perfección escenográfica alcanzada. Y si bien la excelencia nos asombra a cada momento, caben señalar algunos momentos de actuación fascinantes: los actores cantan, los actores danzan, con afinación y gracia. Van cautivando al público con cada gesto. Marilú Marini tiene tamaña ductilidad física en el rol de esta madre musicóloga afectada por esclerosis que golpea el corazón por la naturalidad. Lito Cruz es el hallazgo para este Beethoven desmelenado, gruñón insufrible, que tiene la música en su cabeza y la sueña porque no puede escucharla más que allí, en su mente. Hay un momento en que Lito Cruz, con la ejecución de una de las variaciones a cargo de Natalio González Petrich (su ubicación en la escenografía es fantástica), se planta en mitad del escenario y va recorriendo las tonalidades de la obra, marcando los pianissimos y los fortissimos, intenta tocarla con sus dedos en el aire. En otra instancia, se produce el encuentro entre Catalina y Beethoven, hallazgos de Kaufman y de Tritek, de quien todo ha sido dicho ya.
Que Beethoven esté (reposición) en la cartelera porteña, que un elenco altamente probado haga suyo un escenario, que una de las mejores directoras sea la mano invisible que une almas, música y escenografía, nos indican que el teatro nacional es para seguir aplaudiéndolo de pie. La excelencia se adueñó de esta obra y este elenco en el corazón de Buenos Aires.
Elsa Bragato